Lara Douglas, como parte de su máster en antropología, visitó la Asociación Nacional de Cooperativas Agrícolas de Mongolia (NAMAC), y en el presente artículo relata cómo el modelo cooperativo sigue siendo una parte fundamental de la vida nómada.
En Mongolia, conocimientos y producción siempre han ido de la mano.
Gran parte de la población sigue viviendo de forma nómada. Se trata de pastores que trasladan sus «ger» o yurtas cuatro veces al año. Aunque estos pastores se han adaptado a los avances modernos, como algunas horas de electricidad al día, teléfonos móviles inteligentes, wifi y automóviles, siguen pastoreando sus rebaños desde el amanecer al anochecer, ya sea en moto, con caballos o coches. Comercian en sus comunidades, practican el animismo –basado en la reciprocidad con la naturaleza– y viven principalmente de productos locales, como cuajada seca, sopas, dumplings mongoles y un té con leche tradicional. Así es como han vivido durante siglos.
Este año, me alojé con distintas familias nómadas durante unos dos meses, gracias a la organización NAMAC, entre otros organismos, que trabaja con cooperativas nómadas. Lo que más me fascinó fue el profundo conocimiento y la cooperación, totalmente arraigados en su modo de vida. Los nómadas mongoles practican roles de género dentro del estilo de vida que se crea en torno al pastoreo. Por lo general, los hombres se dedican a trasladar los rebaños de un lugar a otro y las mujeres se ocupan de la familia, la comida y el cuidado de los animales más jóvenes y las hembras embarazadas. Debido al cambio climático, las condiciones meteorológicas son cada vez más duras y más animales fallecen a causa de los vientos fríos, especialmente durante la primavera. Como resultado, cada vez un mayor número de animales recién nacido pierden a sus madres (y viceversa).
Por supuesto, estos animales siguen necesitando leche, y los nómadas utilizan una técnica ancestral para ayudar a los recién nacidos a aceptar a su nueva madre; una práctica transmitida de generación en generación. Esta técnica se utiliza cuando un animal rechaza a su cría o cuando una cría se queda sin madre y no tiene ningún vínculo con la madre que debe alimentarla. En estos casos, puede suceder que la cría no quiera ser amamantada por la madre “adoptiva” o que esta no le permita hacerlo.
Si esto sucede, las mujeres mongolas aíslan a ambos animales y mantienen quieta a la madre, a pesar de que es evidente que se niega a amamantar a la cría. Lo que sucede a continuación es extraordinario. Las mujeres comienzan a cantar una canción tradicional mongola, conocida como “canción larga”, una hermosa nana que calma a ambos animales. Poco a poco, la madre relaja los músculos, baja la cabeza y deja a la cría mamar.
Esta técnica ha sido recogida por la UNESCO en su lista de patrimonio mundial. La canción tradicional mongola, conocida como “canción larga”, está profundamente integrada en la vida diaria y en las prácticas de cuidado en estas comunidades y la cantan también las madres nómadas mientras amamantan a sus propios hijos. Sin embargo, para las familias nómadas, es un gesto que forma parte de sus vidas diarias, como puede ser ordeñar a las vacas o preparar la comida. Su vida gira en torno a un sólido vínculo con la tierra, los animales y la comunidad que les rodea.
Lo que destaca es cómo el conocimiento y la vida diaria siguen estando estrechamente relacionados. El trabajo y el cuidado no están separados, sino que forman un todo. Según la FAO, este tipo de forma de vida se ha desarrollado a lo largo de generaciones en ecosistemas frágiles. Los nómadas mongoles son un ejemplo de ello: no solo son productores, sino que son los transmisores de un sistema de conocimientos en los que cada eslabón de la cadena de producción está en sus manos. En Mongolia, al igual que en otras partes del mundo donde la vida está vinculada a los desplazamientos estacionales, y la supervivencia se basa en la relación con la tierra, las cooperativas son un modelo que merece la pena tener en cuenta.